Ochenta preguntas, cuatro opciones y un cuarto de punto por error. Analizamos el examen de 2025 pregunta a pregunta y contamos qué cae, cómo se corrige y qué técnica rinde de verdad.
El primer ejercicio de la oposición a Agente de la Hacienda Pública es un test, y es el filtro que deja fuera a la mayoría. No se aprueba sabiendo más que el de al lado: se aprueba decidiendo mejor y más rápido con lo que uno sabe. Esta entrada explica cómo es ese test de verdad —con los datos del examen de 2025 delante—, qué técnica funciona en un examen así y dónde conviene apretar el repaso.
Si lo que buscas es el panorama de la oposición entera, los dos ejercicios y el temario, está en cómo es el examen de Agentes de la Hacienda Pública. Aquí bajamos al primero.
El examen de 2025, contado por dentro
La convocatoria lo fijó así para el turno libre: ochenta preguntas con cuatro respuestas alternativas, de las que solo una es correcta, y hora y media de tiempo. Cada error descuenta un cuarto del valor de un acierto, las respuestas en blanco no penalizan, y el ejercicio se califica de 0 a 10 con un mínimo de 5 para superarlo. En promoción interna son cincuenta preguntas en una hora, con las mismas reglas.
El examen está publicado y resuelto, sin necesidad de registrarse: primer ejercicio de 2025. Y como lo tenemos pregunta a pregunta y con el precepto de cada una identificado, podemos contar cosas que normalmente no se cuentan.
Lo primero, el reparto por bloques:
| Bloque | Preguntas | Peso |
|---|---|---|
| Hacienda Pública y Derecho Tributario | 62 | 78 % |
| Organización del Estado | 12 | 15 % |
| Derecho Administrativo General | 6 | 8 % |
Ocho de cada diez preguntas salieron del tercer bloque. Es más de lo que sugiere el propio programa —veinte temas de treinta y dos, un 63 %—, así que Hacienda no solo tiene más temas: además pesa por encima de su tamaño.
Y dentro de ese bloque, dónde se concentró:
| Tema | Preguntas |
|---|---|
| El Impuesto sobre el Valor Añadido (I y II) | 10 |
| El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (I y II) | 9 |
| La potestad sancionadora en materia tributaria | 5 |
| Obligaciones tributarias formales y plazos de prescripción | 4 |
| Derecho Tributario: concepto y obligación tributaria | 4 |
Contado por normas, para responder a las ochenta preguntas hacían falta la Ley General Tributaria en 28 de ellas, la del IVA en 10, la del IRPF en 9 y la de Procedimiento Administrativo en 8. El resto se repartió entre la Constitución, el Impuesto sobre Sociedades, el Código Aduanero y algún reglamento.
Tres rasgos de este test que deberían cambiar cómo estudias
Aquí es donde los números dicen algo que no se lee en ningún sitio.
El enunciado casi siempre te dice el artículo. En 74 de las 80 preguntas —el 93 %— el enunciado cita el precepto con su número, y en 76 nombra al menos la norma. Esto no es un detalle de estilo: significa que el tribunal no está preguntando qué norma se aplica, sino qué dice ese artículo concreto. Reconocer que la cuestión va de recaudación no te da un solo punto; saber qué establece el 62 de la Ley General Tributaria, sí. Estudiar listas de «qué regula cada ley» rinde mucho menos que estudiar contenido de preceptos.
Casi no hay preguntas en negativo. Solo cuatro de ochenta pedían señalar la incorrecta o la que no procede. El consejo clásico de «subraya el NO» sirve de poco aquí, pero al ser tan raras son justamente donde se falla por inercia: llevas setenta preguntas buscando la verdadera y de pronto te piden la falsa.
Y casi no hay cálculo. Solo tres preguntas planteaban un caso con cifras. Las cuentas están en el segundo ejercicio, no en este. Quien prepara el test haciendo liquidaciones se está preparando para el examen siguiente.
Hay un cuarto rasgo que no cambia lo que estudias pero sí cómo entrenas: el examen es largo de leer y el tiempo es muy corto. Entre enunciados y opciones son más de nueve mil palabras, con una media de 114 por pregunta y catorce preguntas que pasan de las 150. Repartidos en los noventa minutos que da la convocatoria, salen 67 segundos por pregunta — para leer un centenar largo de palabras, entender el supuesto, comparar cuatro opciones que se parecen mucho entre sí y decidir. Leer deprisa y sin releer no es una virtud secundaria en este ejercicio: es la mitad del examen.
La corrección, y la cuenta que casi nadie hace
Como decíamos arriba, la convocatoria de 2025 lo dice con estas palabras: cada contestación errónea se penaliza descontando un cuarto del valor de una respuesta correcta, y las respuestas en blanco no penalizan. El recuento de aciertos menos penalizaciones es la puntuación directa, y sobre ella el tribunal fija el corte —lo explicamos en la nota de corte de Agentes de Hacienda—.
Con esa regla y cuatro opciones, la aritmética es tozuda. Si respondes al azar aciertas una de cada cuatro veces:
- ganas 1 punto el 25 % de las veces: +0,25
- pierdes 0,25 el 75 % de las veces: −0,1875
El saldo es +0,06 puntos por cada pregunta contestada a ciegas. Es poco —hacen falta unas dieciséis para arañar un punto—, pero es positivo. Y en cuanto puedes descartar una sola opción, el saldo sube a +0,17; descartando dos, a +0,375.
La conclusión práctica es incómoda para mucha gente, pero es la que sale de la cuenta: en este examen no compensa dejar preguntas en blanco. Ni siquiera las que no tienes ni idea. Si el examen penalizara con un tercio en vez de con un cuarto, el azar sería neutro y la cosa cambiaría; con un cuarto, no.
Dos matices honrados. El primero, que esto es esperanza matemática: sobre ochenta preguntas la media manda, pero si te juegas el corte por medio punto también hay varianza, y ahí la decisión es tuya. El segundo, el de siempre: los criterios de corrección los fija cada convocatoria, así que antes de dar por buena esta cuenta conviene leer las bases de la tuya en el BOE.
Técnica: lo que de verdad mueve la nota
Con el examen ya descrito, estos son los hábitos que más rinden en un test así.
Decide a la primera, porque no hay segunda vuelta. Conviene quitarse de la cabeza la idea de contestar lo fácil e ir repasando lo demás al final: con 67 segundos por pregunta, el tiempo no da. Lo que sí cabe al final es una pasada corta y selectiva, y hay que reservarla para lo que quedó sin contestar, no para volver sobre lo ya decidido — que es como se cambian respuestas buenas por malas.
Ten una regla de abandono. Si a la primera lectura no ves por dónde va la pregunta, márcala y sigue. Atascarse cinco minutos en una cuesta, medido en tiempo, tres preguntas que sí sabías. Y como dejar en blanco no compensa, esa pasada final no es para resolverlas: es para marcar en ellas la opción que menos te chirríe, que según la cuenta de más arriba suma aunque falles la mayoría.
Lee las cuatro opciones antes de marcar. En este examen los distractores suelen construirse intercambiando una pieza: el mismo párrafo con otro órgano, otro plazo u otro sujeto. En una pregunta de 2025 sobre el procedimiento legislativo de la Unión, las cuatro opciones combinaban Parlamento, Consejo y Comisión de maneras distintas; quien se quedó en la primera que sonaba bien tenía tres cuartas partes de probabilidad de equivocarse.
Descarta antes de elegir. Es la traducción práctica de la cuenta de arriba: cada opción que tachas con fundamento multiplica el valor esperado de contestar. Y descartar es más fácil que acertar, porque basta con detectar un elemento falso.
Desconfía de los absolutos, pero sin hacer de ello una religión. «Siempre», «en ningún caso», «exclusivamente» son más frecuentes en opciones falsas que en verdaderas, sencillamente porque el Derecho está lleno de excepciones. Es una pista, no una regla: hay preceptos que sí dicen «en ningún caso».
Cronómetro desde el primer día. El problema en el examen casi nunca es no saber: es no decidir a tiempo. Entrenar por bloques con reloj cambia más la nota que repasar un tema por cuarta vez.
Y repasa lo fallado, que es donde está la nota. Un test acertado confirma; un test fallado enseña. Quien solo hace tests nuevos y no vuelve sobre sus errores repite los mismos en junio.
Dónde apretar: los artículos que más caen
Si el 93 % de las preguntas te dice el artículo, la pregunta natural es qué artículos merecen el repaso. Lo hemos contado: analizamos 1.840 preguntas oficiales de test de las convocatorias de 2016 a 2025 —y, por separado, 486 preguntas de supuestos— para ver qué preceptos hacen falta de verdad para responder.
El titular: el artículo 62 de la Ley General Tributaria, los plazos de pago, es el número uno en las dos listas, y la LGT domina el ranking de forma aplastante. Le acompañan arriba el 28 (recargos del período ejecutivo), el 27 (recargos por declaración extemporánea), el 150 (plazo de las actuaciones inspectoras) y el 191 (la infracción por dejar de ingresar): plazos, recargos y sanciones, el corazón recaudatorio de la ley.
El ranking completo, con gráficos que puedes filtrar por ejercicio y por convocatoria, está en los artículos que más caen en el examen de Agentes de Hacienda. Con una advertencia que repetimos allí y aquí: que un artículo haya caído mucho no garantiza que vuelva a caer. Sirve para ordenar el repaso, no para descartar materia.
Cómo practicar
Un test solo enseña si viene con la explicación al lado y si puedes volver sobre lo que fallaste. En OpoPlaza tenemos 6.347 preguntas de Agentes de la Hacienda Pública, unas de exámenes oficiales y otras de elaboración propia, todas con su respuesta razonada y el precepto en el que se apoya, organizadas por tema y por epígrafe para que puedas apretar justo donde flojeas.
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Y si aún estás situándote, el temario de Agentes de Hacienda tema a tema te dice qué entra en cada uno de los treinta y dos.
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